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Duplicidad de la imagen o la imagen develada Una apología al espejo

El ojo que se mira asi mismo. El autoretrato como forma de conocimiento que implica examinarse y conocerse hasta el punto en que la expresión de ese acontecer se traduce en las imágenes que serán  el rostro de su mismisidad. El autoretrato ha sido y sigue siendo unos de los ejercicios más profundos realizado por artistas en todas las épocas. Sin embargo sus formas de representación se han transformado, mutando a otros espacios y otros encuentros.

Ese transcurrir de posibilidades y recorridos suscitados por las interacciones de la cotidianidad,  advierten que pensarse asi mismo es una tarea que se difumina con el tiempo, con las situaciones, con lo repetitivo. Como  percibimos el tiempo en el cuerpo?. Pasamos de un estado a otro.  Nuestro cuerpo busca la experiencia en la experiencia del otro. Nuestro cuerpo es otro cuerpo: El cuerpo es un hipercuerpo como ya lo diría Pierre Lévy. El cuerpo se ha virtualizado y las conexiones que allí acontecen permiten estar en todas y en ninguna parte. La virtualización del cuerpo nos permite viajar y generar diferentes tipos de intercambios ( Levy,1999 ). Pero realmente nos estamos pensando a nosotros mismos?. Existe un tiempo para ello?.

Estos intercambios, recorridos e interacciones solo son una parte de lo que constituye el cuerpo mismo, ese cuerpo que habitamos digital o no, es un cuerpo hibrído que aún existe en la memoria. Una memoria que permanece, que es duradera, estamos compuestos de memoria, nuestra piel es la memoria del tiempo.

Cuantas fotografias de perfil hemos añadido a una red social como facebook? Porque esas fotografias? Que quiero mostrar? Acaso lo que soy? Un simulacro? La virtualización del cuerpo no es, por tanto una desencarnación sino una reinvención, una reencarnación, una multiplicación, una vectorización, una heterogénesis de lo humano (Levy,1999,p.32) Allí radica la catarsis como lugar de búsqueda, como conspirador de placer de las imágenes que recuerdan que aún existo desde mi soledad.

Desde mi computador veo pasar la vida que se proyecta a través de las imágenes que construyo de mi misma. Lo repetitivo, la copia, “la repetición es la esencia del tiempo” (Maria josé Arjona). Lo sucesivo en un eterno loop. Imágenes que se convierten en una especia de lujuría de la mirada de esa imagen que quiero proyectar. 

 

Lo importante en el retrato no es a quien se esta retratando sino la mirada de quien lo ve.

 

Duplicidad de la imagen o la imagen develada es un proyecto que surge desde diferentes reflexiones acerca  del objeto y su relación con mi experiencia particular en relación con el mundo. Son varios años de observación intermitente donde la relación con los objetos, las imágenes y las palabras, se convierten en una sola imagen que puede ser real o no.

Construyo algunos objetos a partir de otros que guardaba desde hace algunos años. Objetos cargados de memoria que construyen otra, textos encontrados, que aparecen y se reivindican como una metamorfosis consumada.

Todo aparece allí, aunque siempre estuvo; es mi casa, el lugar que guarda mis memorias, mis ideas, mis imágenes persistentemente acompañadas por el desdoblamiento  por -una duplicación-.

Se trata, en realidad, de un espejo.

El espejo se convierte en esa lujuria de la mirada del que mira pero no sabe que es observado.

El espejo es pensado aquí como esa imagen contemporánea que nos plantea Alejandro burgos en su texto: “Lujuria de la mirada: Ocho notas y un silogismo para una teoría de la imagen fotográfica”. Donde la pregunta por la imagen y su relación con los procesos contemporáneos lo han llevado a la pregunta: ¿Sabemos aún y en verdad que es una imagen?

En este sentido el texto inscrito en la columna de la sala es una duplicación, una copia en otro contexto, en otro tiempo. El texto de Baudelaire: El público moderno y la fotografía escrito en el salón de 1859, es una reivindicación a la crítica hecha por este pensador y que para este contexto aún tiene vigencia; la imagen como premisa mayor en la contemporaneidad, donde su presencia habita la realidad de forma constante y donde la paradoja de los espejos advierte que la imagen en general se comporta, casi, como si fuera un espejo.

Preguntas como las que se hace el crítico Burgos en el texto mencionado anteriormente, me incitan a la pregunta constante por la imagen, en este caso la imagen más cercana, mi propio autorretrato y sus relaciones con el objeto.

¿sabemos aún y en verdad qué es una imagen? (A, Burgos, 2010)

“ Miradas pausadas, con gestos de acercamiento y retirada, con dedos que ahuecan o estiran las guedejas del peinado, captura la fijeza del ojo que se busca y despeja una impureza, un pelo menudo, de la mano que traza una línea en ángulo o en labio”[1].

 

Una aproximación al tiempo  …

 

 “ (…) El universo dura. Cuanto más profundicemos en la naturaleza del tiempo, tanto más comprenderemos que duración significa invención, creación de formas, elaboración continua de lo absolutamente nuevo.” (Bergson).

 

El tiempo o la metáfora del tiempo es una constante en este trabajo, este se representa literalmente por medio de un reloj que mide el tiempo de la memoria, del recuerdo, caso particular del reloj que se encuentra en la repisa cuadrada. Me recuerda la casa de mi abuela paterna.

Existen otros objetos como lo relojes de arena, estos representan el tiempo de la ficción, el tiempo que existe a través de los espejos de Lewis Carroll, donde Alicia habita otra realidad. Cada objeto esta cargado de recuerdos, aunque muchos de ellos ficcionales.

Este tiempo también sucede en las imágenes que hago de mi rostro, un rostro que se descubre ante la cámara de mi computador. Tomé más de 400 fotografías de mi cara desde el 2010, estas fueron modificadas con varios filtros, un juego de la imagen, un juego con la presencia. La imágenes miran al frente, a quien miran? Quien las mira?.

Pienso en todas las mujeres que juegan con su reflejo, pienso en las artistas que han trabajado desde si mismas, admito que es un tema que nunca me interesó, pero cuando me pienso en contexto, recuerdo la niñez, recuerdo a mi madre y su feminismo radical, recuerdo sus palabras de cajón: Lo que no se nombra no existe, quizá quise dejar de ser fantasma.

Quiero contener todo en este espacio, quiero una jaula de cobre para guardar todo lo que me gusta incluso las imágenes.

 

“En mí el amor y el instinto estaban muy vivos, ya que en la plenitud de su juventud, mis ojos llenos de imágenes no habían podido nunca saciarse, y creo que podrán ruinosamente consumirse los mundos, sin siquiera herirme, antes que yo pueda convertirme en iconoclasta”.

Baudelaire, salón de 1859.

 

 

 

 



[1] Marinas, José Miguel. ”Fundamento del espejo”.  extraído 22 de octubre 2013 de: http://www.exitmedia.net/prueba/esp/articulo.php?id=8.

 

 

 

Details des Kunstwerks

Installation - Video-Installation

Erstellt am 20 Oktober 2013

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